Ella era bella, frágil como una rosa. Él era una bestia, esclavo de sus impulsos. Único día que les ataron esposas, ya no eran niños. Crecieron, se hicieron adultos juntos. Todo marchaba
bien, eso parecía en su primera luna de miel. Juró serle de por vida fiel, y ella a él. Una historia como otra cualquiera, quién les ve y quién les viera. Pero el tiempo pasa y las relaciones
se agotan, se cansan. Ella ni lo nota porque esta ciega, ciega de amor. Pero él no aguanta la monotonía, ya no quería ser dueño de una sola tía, o eso le decía a sus colegas de copas:
''Yo salgo con otras, pero ella ni lo nota''
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