20.4.09

Sólo habíamos caminado unos cuantos pasos por el espeso bosque cuando se detuvo. A penas habíamos llegado al sendero, ya que todavía podía ver la casa. Era un simple paseo.
Edward se recostó en un árbol y me miró con expresión impasible.
-Está bien, hablemos -dije y sonó más valiente de lo que yo me sentía.
Inspiró profundamente.
-Bella, nos vamos.
Yo también inspiré profundamente. Era una opción aceptable, y pensé que ya estaba preparada, pero debía preguntarlo:
-¿Por qué ahora? Otro año...
-Bella, ha llegado el momento. De todos modos, ¿cuánto tiempo más podemos quedarnos en Forks? Carlisle apenas puede pasar por un treintañero y actualmente dice que tiene treinta y tres. Por mucho que queramos, pronto tendremos que empezar en otro lugar.
Su respuesta me confundió. Había pensado que el asunto de la marcha tenía que ver con dejar a su familia vivir en paz. ¿Por qué debíamos irnos nosotros si ellos se marchaban también? Le miré en un intento de entender lo que me quería decir.
Me devolvió la mirada con frialdad.
Con un acceso de náuseas, comprendí que le había mal interpretado.
-Cuando dicen nosotros... - susurré.
-Me refiero a mí y a mi familia.
Cada palabra sonó separada y clara.
Sacudí la cabeza de un lado a otro mecánicamente, intentando aclararme. Esperó sin mostrar ningún signo de impaciencia. Me llevó unos minutos volver a estar en condiciones de hablar.
-Vale - dije -. Voy contigo.
-No puedes, Bella. El lugar adonde vamos... no es apropiado para ti.
-El sitio apropiado para mí es aquel en el que estés.
-No te convengo, Bella.
-No seas ridículo -quise sonar enfadada, pero sólo conseguí parecer suplicante-. Eres lo mejor que me ha pasado en la vida.
-Mi mundo no es para ti -repuso con tristeza.
-¡Lo que ha ocurrido con Jasper no ha sido nada, Edward, nada!
-Tienes razón -concedió él -. Era exactamente lo que se podía esperar.
-¡Lo prometiste! Me prometiste en Phoenix que siempre permanecerías...
-Siempre que sea bueno para ti -me interrumpió para rectificarme.
-¡No! ¿Esto tiene que ver con mi alma, no? -grité, furiosa, mientras las palabras explotaban dentro de mí, aunque a pesar de todo seguían sonando como una súplica-. Carlisle me habló de eso y a mí no me importa, Edward. ¡No me importa! Puedes llevarte mi alma, porque no la quiero sin ti, ¡ya es tuya!
Respiró hondo una vez más y clavó la mirada ausente en el suelo durante un buen rato. Torció levemente los labios. Cuando levantó los ojos, me parecieron diferentes, mucho más duros, como si el oro líquido se hubiese congelado y vuelto sólido.
-Bella, no quiero que me acompañes -pronunció las palabras de forma concisa y precisa sin apartar los ojos fríos de mi rostro, observándome mientras yo comprendía lo que decía en realidad.
Hubo una pausa durante la cual repetí esas palabras en mi fuero interno varias veces, tamizándolas para encontrar la verdad oculta detrás de ellas.
-¿Tú... no... me quieres? -intenté expulsar las palabras, confundida por el modo como sonaban, colocadas en ese orden.
-No.
Le miré, sin comprenderle aún. Me devolvió la mirada sin remordimiento.
Sus ojos brillaban como topacios, duros, claros y muy profundos. Me sentí como si cayera dentro de ellos y no pude encontrar nada, en sus honduras sin fondo, que contrarrestara la palabra que había pronunciado.
-Bien, eso cambia las cosas -me sorprendió lo tranquila y razonable que sonaba mi voz. Quizás se debía al aturdimiento. En realidad, no entendía lo que me había dicho. Seguía sin tener sentido.
Miró a lo lejos, entre los árboles, cuando volvió a hablar.
-En cierto modo, te he querido, por supuesto, pero lo que pasó la otra noche me hizo darme cuenta de que necesito un cambio. Porque me he cansado de intentar ser lo que no soy. No soy humano -me miró de nuevo; ahora, sin duda, las facciones heladas de su rostro no eran humanas-. He permitido que esto llegara demasiado lejos y lo lamento mucho.
-No -contesté con un hilo de voz; empezaba a tomar conciencia de lo que ocurría y la comprensión fluía como ácido por mis venas-. No lo hagas.
Se limitó a observarme durante un instante, pero pude ver en sus ojos que mis palabras habían ido demasiado lejos. Sin embargo, él también lo había hecho.
-No me convienes, Bella.
Invirtió el sentido de sus primeras palabras, y no tenía réplica para eso. Bien sabía yo que no estaba a su altura, que no le convenía.
Abrí la boca para decir algo, pero volví a cerrarla. Aguardó con paciencia. Su rostro estaba desprovisto de cualquier tipo de emoción. Lo intenté de nuevo.
-Si... es eso lo que quieres.
Se limitó a asentir una sola vez.
Se me entumeció todo el cuerpo. No notaba nada por debajo del cuello.
-Me gustaría pedirte un favor, a pesar de todo, si no es demasiado -dijo.
Me pregunté qué vería en mi rostro para que el suyo se descompusiera al mirarme, pero logró controlar las facciones y recuperar la máscara de serenidad antes de que yo fuera capaz de descubrirlo.
-Lo que quieras -prometí, con la voz ligeramente más fuerte.
Sus ojos helados se derritieron mientras le miraba y el oro se convirtió una vez más en líquido fundido que se derramaba en los míos y me quemaba con una intensidad conmovedora.
-No hagas nada desesperado o estúpido -me ordenó, ahora sin mostrarse distante -. ¿Entiendes lo que te digo?
Asentí sin fuerzas.
Sus ojos se enfriaron y volvió a mostrarse distante.
-Me refiero a Charlie, por supuesto. Te necesita y has de cuidarte por él.
Asentí de nuevo.
-Lo haré -murmuré.
Él pareció relajarse, pero sólo un poco.
-Te haré una promesa a cambio -dijo -.Te garantizo que no volverás a verme. No regresaré ni volveré a hacerte pasar por todo esto. Podrás retomar tu vida sin que yo interfiera para nada. Será como si nunca hubiese existido.

No hay comentarios: